Antonio Banus me escribe en mi Facebook preguntándome por el abad Banzo, del que dice ha leído en un libro que hacen referencia a mis trabajos sobre él. Y me siento feliz que alguien me proporcione ocasión de hablar de este entrañable personaje. Por ello comparto con vosotros algunas cosas que decía en un artículo dedicado a Banzo y escrito en junio de 1996, en la revista de Amigos del Serrablo, número 100. Se trataba de una reflexión que venía a revisar lo que escribí en esta misma publicación, hace veinte años, y que consistía en considerar que a este abad no se le había expulsado sólo por su mozarabismo y su apego al rito mozárabe, sino por su oposición a que convirtieran su viejo monasterio en un espacio distinto de acuerdo con la reforma canonical que alentaba el papado de Roma. En esa línea me había expresado ya en mi libro “Sancho Ramírez, rey de aragoneses y
pamploneses” (Zaragoza, 1996), y con esa nueva visión volvía a acercarme a la vida de uno de los personajes a los que tengo más afecto desde la distancia de los casi nueve siglos que nos separan.
El rey Sancho había peregrinado a Roma en la Pascua de 1068 y a su vuelta estaba decidido a poner en marcha la reforma de la iglesia incrementando la influencia del papado en Aragón. El monasterio de San Juan de la Peña fue el primero que vivió la reforma sufriendo el cambio del abad, del rito litúrgico, de sus modos de vida… y el primer disidente, que no estuvo conforme con este nuevo estatus monástico fue el abad Banzo de Fanlo aunque siempre hemos dicho todos que se enfrentó al rey solamente por no aceptar la reforma litúrgica y no admitir que se abandonara el viejo rito mozárabe español sustituido por el rito romano. Este inteligente monje, nacido en el condado de Bailo, gobernó la casa monástica de San Andrés de Fanlo, en el corazón del Serrablo, desde al año 1035 hasta los inicios de la década de 1070, con un gran prestigio personal y una notable sagacidad para los negocios. El cambio del modo de vida monástico en Fanlo debió de ocurrir alrededor del año 1071 y no debió de estar muy lejana a la expulsión del abad Banzo desde su monasterio serrablés de Fanlo hacia uno de los espacios del monasterio de San Juan de la Peña, en cuya estructura encontró refugio y afecto por parte del abad Aquilino. Una mención documental del propio abad –originario de Francia- nos explica que «cuando me extrajeron de la abadía de Fanlo vine a San Juan de la Peña en vida del señor abad Aquilino y me recogió el mismo abad en San Juan con deferencia». Banzo murió alejado de su monasterio y retirado de todo circuito de poder, añorando ese inmenso paisaje, quizás refugiado sólo en sus recuerdos que era todo lo que quedaba del viejo Aragón de principios del siglo XI. El cambio, los aires de Europa habían arrasado todo.