Mando al director del Diario del Alto Aragón este apunte que acaban publicando, no se por qué causa, en la página de Cartas al Director, aunque os aseguro que nunca lo fue. Entre otras razones porque nunca escribí una carta a ningún director. Bueno, lo incorporo integro a este espacio que compartimos en la gratitud de tu cercanía. Aquí va:
En este mes de mayo, cuando los campos de la llanura comienzan a granar y a ser esos mares de espigas que narran los poetas, volvemos a Loarre, a la montaña de nuestra historia, al mirador de nuestros primeros reyes, para sentirnos aragoneses y comprender que formamos parte de un gran pueblo que, mirando la llanura desde estas almenas, decidió construir un reino universal que acabó formando la Corona de Aragón y convirtiendo la Acrópolis de Atenas en un templo aragonés a la Virgen.
Es como si comenzáramos un viaje a nuestras raíces, un viaje que deberíamos hacer todos los aragoneses, especialmente los jóvenes, y no sólo para apreciar el arte y la arquitectura del castillo más impresionante de la Europa del siglo XI, sino para sentirnos parte de ese legado, para descubrir que ser aragoneses tiene que ser vivido como un honor y un privilegio. Por eso, me siento feliz de volver al castillo de Loarre, por todo lo dicho y porque además son tan generosos y entrañables los Amigos del Castillo de Loarre que me quieren hacer de los suyos, cosa que sólo es posible materialmente puesto que mi amistad con estas almenas comenzadas a construir por Sancho el Mayor, a principios del siglo XI, es tan vieja como mi pasión por la historia.
Hace muchos años, acompañando a ese gran periodista que es Tico Medina cuando escribía su crónica de Huesca, me sorprendí en el Mirador de la Reina oteando el horizonte de Huesca, entornando los ojos para siluetear los caminos de polvo que recorrería Sancho Ramírez, e incluso con esa pasión por las permanencias espirituales que tenía el periodista andaluz pensé que podría compartir mirador con doña Violante… No me volví a mirar, no era necesario romper el silencioso momento de contemplar un paisaje hermoso como pocos. Y no lo hice puesto que estoy convencido que el castillo de Loarre es el gran escenario de los sueños más hermosos, de aquellos que nos sentimos felices de ser aragoneses.