Hoy cinco de septiembre, recordaremos a la madre Teresa de Calcuta, esa monja católica albanesa que murió tal día como hoy de 1997, hace catorce años solamente. Esta pequeña monja, fundadora de las Misioneras de la Caridad, fue Premio Nobel de la
Paz y ha logrado alcanzar la condición de beata de la Iglesia Católica, por el impulso de uno de sus profundos admiradores: el papa Juan Pablo II. Por todo ello está bien que hablemos unos minutos de ella, que hablemos es esa Teresa de Calcuta que había nacido en Macedonia, en 1910 y que moriría en Calcuta, en los paisajes de la India con los que acabó tan integrada que se nacionalizó en ella. Con sus misioneras, de vistosos trajes claros, construyó un imperio al servicio de los pobres y de los enfermos, un imperio de hospitales, enfermeras, sanatorios y albergues. Toda una labor ejemplar desarrollada durante más de 45 años, atendiendo a pobres, enfermos, huérfanos y moribundos, al mismo tiempo que guiaba la expansión de su congregación, primeramente en la India y luego en otros países del mundo. Esta mujer, que se llamaba Agnes y que se cambió el nombre en referencia a la patrona de los misioneros, santa Teresa de Lisieux, nos ha dejado muchas cosas incluso el nombre del Aeropuerto internaciona de Albania, desde el 2002, pero sobre todo nos ha dejado frases profundas como la que pronunció hablando de sus pobres y diciendo “Hoy aprendí una buena lección. La pobreza de esta gente debe ser algo muy difícil para ellos”. Se refería a esos pobres también cuando denunciaba, con mucha razón, que “Hoy día está de moda hablar de los pobres. Por desgracia, no lo está hablarles a ellos”. Como ven no le faltaba razón. Pero sobre todo quédense con un mensaje suyo «A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota». Que tengan un buen día.