Hoy es la fiesta del obispo de Hipona, de san Agustín, y por ello quiero recordar a una de las figuras más notables que ha tenido el mundo del pensamiento eclesiástico. A él le dedico esta sugerencia número cien y con ella os invito a pensar, a reflexionar sobre el tiempo, en realidad sobre la vida.
San Agustín es importante por muchas cosas, pero a mi personalmente siempre me ha atraído especialmente por su concepto del tiempo, lo que podríamos decir la Memoria de la Historia. Al escribir sus “Confesiones” dice el santo que cuando el cuerpo humano mantiene la vida, la memoria se construye en tres facultades: la de recordar el pasado, la de atender el presente y la de esperar el futuro. Y esto debemos entenderlo así, puesto que el santo nos explica que el pasado ya no existe, que el futuro todavía no es nada y que el presente es, permanentemente, algo que deja de existir al hacerse pasado.
Sólo en el espíritu del hombre viven estos tres momentos, el presente del pasado vivido a través de la memoria de lo que fue, el presente del futuro vivido a través de la esperanza y el presente del presente. De esa manera el pasado es la memoria, el futuro la espera y el presente es la visión de lo que ocurre.