Recordemos una curiosidad, que hace muchos siglos, tal día como hoy, dictó un edicto Cayo Julio César ue permitía eructar y expulsar los gases en los banquetes. Les diré que este edicto fue dictado como consecuencia de los problemas que uno de sus familiares tuvo en una comida en palacio. Estuvo a punto de morir por aerofagia al guardarse los gases por educación. Lo leí en un blog de unos sevillanos que la verdad es que son serios y que no suelen contar historias en broma, aunque desde luego es muy tipico de estos romanos tan grandiosos y civilizadores que no desamparaban estas cuestiones tan folklóricas. Otros opinan que no fué César sino Claudio. A lo largo de su gobierno, el historiador Suetonio menciona que Claudio había pensado en proclamar un edicto que permitiera las ventosidades y eructos en la mesa, ya que la dispepsia (malestar estomacal) que sufría le provocaba continuas flatulencias. Y además podemos añadir que fue el emperador más menospreciado por sus contemporáneos, era feo, cojo (los romanos llegaron a utilizar su nombre como sinónimo de cojera, ha tenido un accidente y se ha quedado Claudio), lo consideraban medio tonto (su madre utilizaba la frase «Es más tonto que mi hijo Claudio»), su abuela nunca le habló directamente, cuando tenía algo que decirle le escribía una carta, sufría epilépsia, era tartamudo, en reposo echaba espuma por la boca y tenía numerosos tics.
Por si fuera poco sufría flatulencias, y sufría una enorme vergüenza al dejar escapar sus gases en público, que no eran ni esporádicos ni silenciosos, la solución se la dio su médico personal, un griego llamado Jenofonte, Claudio promulgo una serie de leyes que obligaban a los cortesanos, en su presencia, a tirarse dos ventosidades por cada una de la suyas y recomendó a la población no reprimir sus gases, tirarse pedos, decía, era una costumbre muy saludable.Finalmente, Claudio fue envenenado con un plato de setas por su última mujer, Agripina, para elevar al trono a su hijo Nerón.