Hasta hace unos meses en la capilla de San Pedro de la Iglesia de Longares se encontraba una custodia sagrario que representa la Última Cena y
que se emplea para guardar las Sagradas Formas el Jueves Santo. Por lo tanto, es pieza principal en el monumento que se levanta en la capilla barroca de San José, y además es una obra de arte que se vincula en la tradición local nada menos que a la Roldana, escultora del rey en el siglo XVII. Hoy, jueves esta hermosa pieza ha vuelto a su capilla y a su iglesia, para ser parte importante del Monumento, para dejar claro que las obras del Museo Diocesano de Zaragoza son obras que han nacido en el calor de la liturgia y que para su servicio se mantienen inmersas en un discurso museístico que es la historia de la devoción de una tierra y de unas gentes que han vivido con plenitud la incardinación del Evangelio. Por lo tanto estos días está sola su vitrina, la sala de la procesión barroca está huérfana de ella, pero todos estamos felices de saber que hemos hecho posible un museo religioso en el que sus obras no pierden su condición de objetos litúrgicos.