Muchas veces nos preguntamos cuándo se origina la fiesta de la Navidad, y es bueno que repensemos este asunto en este entorno de los días navideños. Por eso, vamos a compartir algunos datos. La primera mención de la Navidad la tenemos en el año 354, momento en el que la Depositio Martyrum, uno de los calendarios más antiguos conocidos, recoge alrededor de 23 fiestas de santos y además la fiesta de la Navidad. Está claro pues que estamos ante una fiesta que desde el siglo IV se celebra, invariablemente, el día 25 de diciembre. Atrás quedaba la vieja tesis que ponía como fecha del nacimiento de Cristo el día 6 de enero, aunque amplios sectores de la Iglesia oriental siguieran celebrando el 6 de enero como fiesta natalicia de Cristo. La decisión de fijar la noche del 23 al 24 ha estado apoyada por el papa Liberio (que morirá el año 366) y en ella ha pesado especialmente la conveniencia de cristianizar este tramo del calendario solar. Poco después, el gran pensador y obispo san Agustín (354-430) dirá –con ese sentido común que siempre le caracterizó- que los creyentes deben dedicar ese día “no al Sol, sino al Creador del Sol”. Es claro y trasparente el mensaje del gran hombre que creó el concepto de la historia cristiana.
El calendario cierra su ritmo de celebraciones, fija sus fechas claves, y todos los reinos de la tierra comienzan a adaptar sus vidas a ese tiempo que se hace universal. Son cosas de la Navidad, en realidad de esas fechas que las Cortes de Monzón en 1511 declararon festivas a todos los efectos. De un periodo en el que la justicia aragonesa no ejecutaba a nadie, puesto que la gran tregua del nacimiento de Cristo fomentaba el regocijo y la vida en común. Mandaba el calendario y mandaba en clave de alegría.
