El amigo Juan Carlos Galtier ha puesto una foto de Federico García Lorca con nuestra querida Peña Oroel a su espalda. Es una foto que nos indica que el gran poeta español ha estado en Jaca, pero es una foto que no nos habla de lo que sucedió cuando Federico llegó a esta ciudad para representar Fuenteovejuna con la compañía teatral “La Barraca”. Pues sucedió que el alcalde, entonces era Enrique
Bayo, avisado por el gerente del Teatro Unión Jaquesa –que era Antonio Tramullas- tuvo que suspender la representación ante los cientos de personas que se agolpaban en la calle queriendo entrar a un local que apenas podía sujetar tal avalancha. Como compensación de esta euforia por ver actuar a “La Barraca”, el poeta Federico García Lorca hizo una lectura de sus versos para los estudiantes de la Universidad de Verano. Y a esta anecdota quiero sumar otra que, a buen seguro, llamará la atención de todos nosotros.
En agosto de 1936 el excepcional poeta español Federico García Lorca moría asesinado en su tierra natal por unos sanguinarios que hicieron del odio y de la intransigencia su bandera. Trece años después, en la ciudad de Jaca el 3 de agosto de 1949, un grupo teatral representaba “Doña Rosita la soltera”, una obra de Lorca que puso los pelos de punta a los guardianes de los principios del régimen. Y hoy, admirando a aquella gente por su valentía y su compromiso con la literatura, nos podemos preguntar cómo lo lograron. Y en ese momento salen a la palestra algunos nombres de gentes que ayudaron a que las palabras de García Lorca pervivieran por encima de los ruidos de los fusiles franquistas. Debemos recordar que los ensayos se hicieron –y fue la única manera de que pudieran hacerse- en las salas del Palacio Episcopal, arriesgada y valientemente facilitadas por el obispo Bueno Monreal y su secretario el canónigo Royo Marín. Y debemos saber que, después de la valentía del obispo, la pieza teatral se logró representar -tras ser censurada por atentar contra los derechos de autor- con la ayuda política del rector Miguel Sancho Izquierdo que habló hasta con el Gobernador Civil de la provincia. El colofón es divertido, las tres mil pesetas que se sacaron en la sesión se emplearon para ayudar a las Hermanitas de los Pobres de Jaca, que atendían a los ancianos desamparados. Así se escribe la historia. Y es muy conveniente saber de las personas que en el anonimato hacen gestos heroicos, pero olvidaremos a los secretas que denunciaban que el obispo Bueno Monreal tenía reuniones singulares en su palacio. Por eso, también quiero dejar constancia de los jóvenes jacetanos y de los soldados que estaban cumpliendo la mili –que esos si se la jugaron- protagonistas de esta “Rosita la pastelera” del gran Federico García Lorca. En esa ocasión pisaron el escenario Mari Carmen Vela, Angelines Abad, Paulina Bayona, García Almagro, Isabel Lacasa, Lorenzo Echeto, Esther Gastón, Martínez Valdés, Blanquita Lanzas, Fina Sánchez, Juan Sola, Paco Orós, Pascual Albás, Cruz Lacasta, Ríos Iguácel, Teresita Ara, Matilde Calvo, Gregorio Cruz… y colaboraron el relojero Muñoz, Francisco Puértolas, José María Mengual, Luis Gil, el soldado José Peña que hizo los figurines, y María Josefa Buesa al piano.