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SAN ADRIAN DE SASABE, EL RECUERDO EPISCOPAL

Cuando uno quiere irse a los inicios de la historia del condado aragonés, necesariamente tendrá que acercarse a la iglesia de San Adrián de Sasabe o de Sasau, que nos recuerda el lugar de un antiguo monasterio en el que residieron los primeros obispos aragoneses allá por el siglo X. Y al llegar a ese hermoso valle lo primero que nos cautivará el alma es una pequeña iglesia, comenzada hacia el año 1050 y que debió de concluirse unos cincuenta años después, pues asistió a su consagración nada menos que el rey Pedro I de Aragón. La nave rectangular, el ábside semicircular, los arquillos lombardos del exterior nos permiten apreciar su identidad románica, a caballo entre las influencias del mundo lombardo y la omnipresencia del arte jaqués… Pero, a la belleza de todo lo que vemos, se irá imponiendo su valor de símbolo y de referencia para los inicios del episcopado aragonés.

La historia es muy sencilla, el rey pamplonés Sancho Garcés I, conquista el condado de Aragón a principios del siglo X y decide que la hija del conde y su hijo se casen, para originar una única dinastía que gobierne los dos territorios. Y consumada esta operación, se encuentra con que tiene que nombrar un nuevo obispo puesto que su viejo amigo Basilio no ha resistido el duro invierno de las Cinco Villas y se le ha muerto en plena anexión del condado aragonés. El nuevo, un monje cuarentón llamado Galindo, le propone acometer también una nueva ordenación pastoral de sus dominios que acaban de ampliarse y además le propone que cree más obispos que bajo su control atiendan la implantación del Evangelio. Y el año 922, uno de esos nuevos obispos es Ferriolo que recibe el mandato de atender espiritualmente las tierras aragonesas. El problema era donde lo ubicaban. Y para esa cuestión decidieron utilizar un monasterio de prestigio, fundado por los condes aragoneses en la segunda mitad del siglo IX y quizás el monasterio en el que vivía el propio Ferriolo. Por eso, en San Andrés de Sasabe aparece un obispo que atiende las tierras aragonesas en el siglo X y dicen los documentos que allí “descansan tres obispos».