En los primeros años de la peregrinación, desde el siglo IX hasta el siglo XI, el camino que utilizaron los peregrinos que caminaban hacia el Finisterre, en busca de la tumba del apóstol Santiago pasaba por el valle de Echo, siguiendo la vieja calzada romana que comunicaba Zaragoza con el Bearne, en ese tramo que recorría el Pirineo desde Siresa hasta Lescum. El viejo Puerto del Palo, complicado en su orografía, había conseguido hacerse con el control del camino puesto que, a sus orillas, se había levantado el monasterio condal de San Pedro de Siresa desde el que los monjes atendían la hospitalidad, cuidaban a los enfermos y mantenían abierto el camino. Un camino que protegían los soldados del conde de Aragón que vivía en el valle y que mantuvo este camino hasta que se trasladó a Jaca, el nuevo centro político del podr aragonés, y el valle cheso comenzó a perder protagonismo. Pero, esa crisis que comenzó en el siglo X no se cerró hasta la segunda mitad del siglo XI, cuando los soldados aragoneses que protegen los caminos se ocupan de un nuevo paso: el de Somport.
