Ayer se cumplió el primer año de mi elección como Presidente de la Real Academia, por parte de mis compañeros de corporación, antesala para que en el mes de julio el Ministro de Educación del Gobierno de España realizara mi nombramiento oficial como Presidente de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis de Zaragoza.
Un año después me ha tocado presidir la penúltima sesión de este curso académico y recibir el cuadro que representa la imagen del que fuera nuestro primer presidente allá por el año 1792. Ha sido un acto precioso en el que he disfrutado del momento y del nivel que han alcanzado los actos de la Real Corporación, con asistencia de las primeras autoridades que se incorporaron decididamente desde la apertura oficial del curso en febrero pasado bajo la presidencia del Presidente del Gobierno de Aragón y con asistencia del alcalde de Zaragoza.
Podríamos decir que hemos recuperado actividad: en este año ya llevamos seis sesiones solemnes y públicas, hemos celebrado las preceptivas juntas de gobierno y sesiones plenarias, se ha informatizado y dotado de wi-fi a la Real Academia, de correos electrónicos a los miembros de la misma, se han modernizado sus espacios e instalaciones… Han sido meses de intenso trabajo que comienzan a dar sus frutos, pero que además nos han conectado con la realidad social e institucional de esta Comunidad que es la nuestra.
Hemos firmado convenios con el centenario SIPA, con el Ayuntamiento y con el Gobierno estamos cerrando sus textos normativos de los convenios, estamos trabajando con el Ateneo de Zaragoza para firmar un acuerdo, y queremos recuperar el convenio con la Universidad, al mismo tiempo que estamos trabajando para el montaje de un curso de dibujo de ámbito nacional con el Ministerio de Educación… Y seguimos llenos de ideas, apasionados en la construcción de una Academia del siglo XXI, desentumecida y liberada de clichés arcaicos y ridículos que le impedían integrarse en la acción cultural de la comunidad…
Y seguimos a más, porque los señores académicos –todos, los numerarios, los de Honor y los correspondientes, todos- están apostando por este proceso de modernización y dignificación, están empeñados en colaborar y trabajar para hacerlo posible, están comprometidos con una Academia que siente como suya. Esa es la gran conquista y esa es la razón por la que me siento profundamente dichoso de tener el honor de presidir esta centenaria corporación que está ubicándose en el sitio en el que su prestigio le exige estar. Iniciamos con ello el segundo año convencidos de que esta corporación, por ser la más antigua, con absoluta generosidad tiene que ser el motor para conseguir la colaboración en muchas empresas y actividades de todas las Reales academias aragonesas, en servicio de esta tierra a la que amamos.
Gracias a todos, muchas gracias a todos.