Día a día

SANTA EULALIA DE BARCELONA Y LA NIEVE

Y digo de Barcelona, para que todos sepamos que cuando las cosas son verdaderas hay que recalcarlas y aceptarlas, mientras las falsedades merecen nuestra crítica. Pero hoy no hablamos de la Corona de Aragón, hoy recordamos a una santa barcelonesa.

Cuentan las tradiciones más antiguas que el 12 de febrero del año 304, en la entonces colonia de Barcino, hoy ciudad de Barcelona, fue clavada en la cruz una jovencísima muchacha que se había declarado cristiana en plena persecución del salvaje Daciano –cuya memoria confundan los tiempos- en el gobierno del emperador Diocleciano. Pero, sin entrar en la veracidad de este relato martirial, en estos días en que ha vuelto la nieve a posarse sobre los campos de España, es bonito recordar que la leyenda de su muerte nos cuenta que, como estaba clavada desnuda en una cruz en aspa, para preservar su intimidad le crecieron los cabellos y comenzó a nevar copiosamente, de tal manera que una cortina blanca impedía ver la desnudez de esta joven que quizás no hubiera llegado a los quince años cuando murió crucificada. Y mientras los cielos derramaban la nieve, una blanca paloma, la que lleva la iconografía de la santa, salía de su boca hacia el cielo como si fuera el alma.

Ahí está el relato y lo que importa es la hermosa vinculación de la muerte de esta cristiana con la nieve, en una tarde de febrero, cuando los caminos de España estaban recorridos por el miedo y la muerte. Justo en los comienzos del siglo IV de nuestra era, para demostrarnos que la violencia y la brutalidad es patrimonio de todos los tiempos, puesto que quizás erradicarla del todo es la asignatura pendiente de los españoles desde el principio de los tiempos… Felicidades a las Eulalias y felicidades a las mujeres que se llaman Laia, que no es otra cosa que una adaptación de ese nombre de Eulalia que, en el idioma de los clásicos del Egeo, no significa más que “la bien hablada”.