Hoy hemos celebrado la agradable comida anual de La Cadiera, ese espacio de encuentro para unos amigos aragoneses preocupados por lo nuestro, y como era de esperar, a propuesta del amigo Alierta, hemos tenido una referencia a lo que es y ha sido la Corona de Aragón, tema al que dediqué unas notas hace unas semanas en este mismo blog y al que -necesariamente- volveré en los próximos días. Hablaba Lozano de una tierra hermosa de nuestro Alto Aragón, de esa zona de Ribagorza en la que se construyeron algunas referencias a nuestra identidad como reino, y recordaba que las iglesias de la Val de Bohi son obra del empuje y el afán modernizador de un obispo aragonés del siglo XII. Una muestra más de lo que es nuestra historia: un compromiso con la universalidad, con el desarrollo y con el genio creador que recorre la vida de nuestros más notables aragoneses. Y por supuesto, siempre dentro de una idea clave que hoy ha presidido nuestra mesa navideña y que no es otra que la de entender que Aragón es el eje de un reino, la razón de una corona y la apuesta por la nación española.