Día a día

El padre Boggiero también debe ser recordado

El otro día, las corporaciones municipales de Zaragoza y de Calatayud asistimos solemnemente al homenaje que se tributó en el Puente de Piedra al Barón de Warsage, con ocasión de los doscientos años de su muerte, formando parte de un hermoso acto en el que oímos al ilustre cronista Verón y se rindieron honores militares a la memoria de aquellos héroes que hicieron posible la gesta de los Sitios de Zaragoza, a los hombres y mujeres que sentaron las bases de la soberanía popular a golpe de sacrificio y de renuncia. Estuvimos todos, con la banda roja que nos significa como representantes de la ciudad, ante la Cruz que recuerda el suceso con una inscripción que dice: «Aquí fueron vilmente asesinados el R.P. Basilio Boggiero y el presbítero M. Santiago Sas. Aquí cayó mortalmente herido el Barón de Warsage. Honor a los héroes y gloria a los mártires. Primer Centenario de los Sitios de 1808 y 1809».

Y desde el convencimiento de que actos así son las verdaderas manifestaciones del compromiso de los pueblos con su memoria histórica, puesto que se construyen desde la tolerancia y la normalidad, hoy quiero hacer una pequeña reflexión en voz alta que viene a ser una defensa de la memoria del padre escolapio Basilio Boggiero, de origen italiano, maestro infatigable y consejero de Palafox, y del cura Santiago Sas, a los cuales se les debía de haber rendido especial tributo en esta ocasión. No se podía estar allí, en la Cruz que testimonia el vil asesinato que cometieron los franceses para castigar a dos defensores abnegados de la ciudad, y dejarlos en el olvido. Y no me parece bien dejar de denunciarlo, porque el padre Boggiero se merece el tributo de esta ciudad por haber sido uno de los que hicieron posible la gesta construyendo ese espacio de compañía con los necesitados, de asistencia con los heridos y de compromiso personal con la ciudad. Creo que se ha perdido una ocasión de oro para hacerlo, una ocasión para recordarlo en este bicentenario junto al cura Sas, muerto también a bayonetazos en el Puente de Piedra y arrojado, como ocurrió con el cuerpo del destacado pedagogo escolapio, a las aguas del río Ebro.

Debo decir que sí los recordó especialmente el arzobispo monseñor Ureña, en la Misa en memoria de los muertos en la contienda zaragozana, celebrada en la Basílica Catedral de Nuestra Señora del Pilar el pasado domingo, razón por la cual debemos darle las gracias y constatar que la memoria de estos dos grandes héroes se mantuvo viva gracias a la palabra cálida y en la oratoria brillante del arzobispo de Zaragoza, que tampoco olvidó a la Madre Rafols.