Acabo de releer los datos, que se publicaron el año pasado correspondientes al año 2007, puesto que allí ya hay algunas llamadas de atención importantes sobre la evolución de la población zaragozana, que no llegaba a los setecientos mil habitantes y que tenía un 48,56% de hombres y un 51,44% de hombres. Pues bien, conviene que reparemos en la importancia de la presencia de hombres y mujeres procedentes de otras culturas y de otras latitudes, vecinos de la nueva Zaragoza que están contribuyendo a construir el futuro de todos.
Mientras el incremento de la población autóctona fue de un 0.93%, el de la población extranjera alcanzó el 16,07%. El peso de esta población de origen inmigrante se confirma si nos explican que el 11,31% de todos los que residimos en nuestra ciudad son de origen inmigrante. Especialmente venidos de dos zonas: de Rumania casi veinte mil y de Ecuador poco más de diez mil. El dato es importante y nos debe hace reflexionar en el camino de construir un mañana plural, solidario y sobre todo generoso con los que son generosos con esta ciudad.
No obstante, hay que seguir con la guardia alta para aquellos casos de gentes venidas de otras culturas, fanáticos que quieren utilizar nuestro Estado de derecho para reducir los derechos de las mujeres y de los niños, para violentar la dignidad de las personas, para coartar el derecho a la educación de las niñas…
Aquí cabemos todos, pero no deben caber aquellos que no respetan la carta universal de los derechos del hombre y del ciudadano. El futuro solo se puede construir desde el respeto al ser humano.