Día a día

La esclavitud del Nazareno y sus doscientos cincuenta años

Hemos comenzado el año 2009 y en él se van a celebrar una serie de centenarios que nos permiten recuperar momentos de nuestra historia particular, de esa andadura humana que compartimos como vecinos de la vieja capital del reino aragonés. Y una de esas conmemoraciones tiene como protagonista a la Muy Ilustre y Antiquísima Cofradía de la Esclavitud de Jesús Nazareno y Conversión de Santa María Magdalena de Zaragoza, a una gran familia nazarena que cumple sus doscientos cincuenta años de vida llena de salud y comprometida con seguir construyendo ese futuro de piedad, de cercanía y de compromiso, que la ha caracterizado en tan larga y fructífera andadura desde 1759.

Se abre para ellos un tiempo de celebraciones, de recuerdos y de apuestas para el mañana, todas ellas vividas en los ecos de esa pasión nazarena que uno entiende muy bien cuando oye ese CD que editaron hace unos años. Celebrarán un Congreso, muy bien coordinado por José Antonio Martínez Vázquez, y editarán algunas aproximaciones a lo que es esa piedad al Nazareno, llena de misterio y de capacidad de realizar milagros. Celebrarán todos los días en hermandad y, al final, harán lo que todos esperamos: sacar desde la iglesia de San Miguel su sagrada imagen por ese Coso romano, medieval y renacentista, que centra la historia de Zaragoza. Allí, asomados a las aceras de todos los siglos, estaremos muchos esperando ese instante mágico, ese segundo en el que se inicia el diálogo con Dios, ese minuto en el que las palabras no pronunciadas hablan de sentimientos y de gratitudes.

Mientras tanto, desfilarán los hermanos con sus túnicas moradas, los faroles iluminarán la cara de Jesús Nazareno, los cansados pies de los devotos que lo acompañan rascarán el suelo para convertir el sonido en oración, la noche se hará una partitura silenciosa de paces y aleluyas, el cierzo de la vida estará atareado llevando plegarias y acumulando necesidades. Y todo será especial porque estas gentes que cumplen más de dos siglos de vida son especiales y se merecen que este año sea inolvidable para ellos y para nosotros, inolvidable en los perfiles de esa serenidad que preside el rostro de Cristo.