Pepe Verón pertenece a ese escaso número de gentes que siempre te alegra encontrarlas, a esas contadas personas que viajan por la vida con la bondad por norte y la reflexión por compromiso. Por eso, es también gozoso el recibir en tus manos un libro de este amigo bilbilitano, con toda la intensidad de sus palabras, con la belleza de su prosa, con esa fina ironía que debe ser herencia de esa tierra bilbilitana si recordamos al inmortal Marco Valerio Marcial. Y este aragonés ilustre y trabajador, Premio nacional de fotografía y Medalla de oro de las Cortes de Aragón, nos ha ido regalando una importante producción narrativa y poética que conviene releer con frecuencia, sobre todo aquella obra que testimonia su vocación de epigramista.
Por eso, mientras caía la escasa nevada que pudimos disfrutar, volví a coger de mi biblioteca un apasionante libro, que tengo dedicado por él, en el que el ilustre cronista de Calatayud nos regala más entregas poéticas, en esos “Epigramas incompletos” que publicó la Institución (2007) y que recoge la mayor parte de los breves poemas epigramáticos de José Verón, de esos poemas en los que nos habla de la humana condición y sus miserias, nos hace participes de una lección moral en la que sigue a rajatabla el propósito de Marcial: “parcere personis, dicere de vitiis”, es decir: no perjudicar a las personas sino tratar de los vicios.
Y, como reclamo para su lectura, quisiera transcribir uno de ellos, que viene muy bien para reflexionar sobre algunos discursos erróneos que el tiempo colocará en su debido lugar. Se titula “Modernidad” y dice así: