Estoy releyendo la prosa de la primera mujer que fue nombrada doctora de la Iglesia. Estoy disfrutando con el conjunto extenso de la obra de Teresa de Jesús (1515-1582), patrona de los escritores españoles y copatrona de España hasta que los partidarios barrocos de Santiago Apóstol lograron arrebatarle ese título.
Y lo hago, entre otras cosas, por la cantidad de ideas que mantienen una clara actualidad y, especialmente, ese amplio elenco de consejos que nos ayudan a enfrentar los problemas del día a día, colocando a cada cosa en su sitio y reconociendo lo que ciertamente es importante de lo que no lo es. Y a dos de ellos voy a hacer referencia, sobre todo, para incitarles a su lectura y porque a estas horas de la noche, después de estar estudiando algunos momentos de los primeros tiempos del Reino de Aragón, viene bien compartirlas con aquellos que puedan sacar utilidad de ellas, máxime en ese tiempo del sueño en el que dicen los médicos que se fijan muchas cosas en nuestro cerebro.
La primera la pongo sobre una imagen del claustro carmelita del convento de las Fecetas de Zaragoza, del siglo XVII; la segunda, sobre la imagen de la celda que tenía la santa: