Oposición constructiva

Volvemos a hablar de despilfarrar

Acabo de leer en el blog de Modesto Lobón, que además de concejal del Grupo Popular en el Ayuntamiento de Zaragoza es un conocido novelista, algunas precisiones a estos asuntos que nos ocupan y que tratan de explicar, con toda la didáctica posible, el valor de las palabras que denuncian hechos nada acordes con la situación que vivimos. Ni que decir tiene que voy a transcribirlas pues las asumo y las comparto totalmente, además de que así algunos tendrán otra opinión sobre lo mismo y con los mismos criterios. Por cierto, ya saben algunos lo que el diccionario –el DRAE- dice de la palabra “despilfarrar”.

Lean lo que dice el amigo Lobón:

Despilfarrar, en la acepción vulgar de la palabra, significa precisamente eso: “gastar profusamente en alguna ocasión”. Por eso, cuando la oposición califica políticamente de despilfarro ciertos gastos municipales, como todo lo relativo al Seminario, no sólo no está incurriendo en nada punible ante ningún tribunal, sino, al contrario, cumpliendo con su obligación democrática de intentar que el gobierno actúe lo más acorde posible con los intereses de los ciudadanos y no con trasnochados conceptos de grandeza institucional. Pues la verdadera grandeza del ejercicio político, y su prestigio, no se miden por la calidad de las maderas que forran las paredes de los despachos ni por la finura de los mármoles que les dan sustento, sino por el acierto en la gobernación del pueblo. Y cuando este ejercicio democrático y responsable de la labor de la oposición pretende ser acallado por el gobierno amenazando con los tribunales de justicia, resulta inevitable el desagradable recuerdo de otros gobiernos y de otras épocas, afortunadamente superadas y de cuyo nombre no quiero acordarme, en las que no existía la libertad de expresión.