Volveré sobre este tema del trasvase a Barcelona, que los aragoneses no debemos de dejar enfriar, puesto que en él nos estamos jugando la defensa de nuestro mayor motor de progreso. Pero, antes de entrar en materia, quisiera dejar claro mi estupor, mi asombro, mi vergüenza como aragonés, por la indignidad con la que actúa el presidente de la Comunidad Autónoma, al que comienza a ser difícil mantenerle el respeto más allá del que se le debe por haber sido elegido por las urnas.
Es indigno que, en la tierra de notables filólogos como Blecua, Lázaro Carreter o María Moliner, cargos nombrados por su gobierno y pagados por Aragón se metan a sentar cátedra en asuntos de filología, llamando al trasvase del Ebro a Barcelona “conexión de sistemas dentro de la misma demarcación hidrográfica de las cuencas internas de Cataluña”. Y es que no hacía falta su indignidad y su traición a esta tierra (de la que cobran y a la que sirven) puesto que lo que han informado ya lo había resuelto su jefe –el señor Iglesias- hace unos años, en 2002, cuando bramaba contra el gobierno del señor Aznar, auspiciaba manifestaciones y presentaba alegaciones por la injusticia que suponía querer poner en marcha el minitrasvase del Ebro a Barcelona. Entonces, el actual presidente aragonés sí apoyaba a su consejero de Medio Ambiente –que curiosamente era el mismísimo Secretario General del PAR señor Longás- en la lucha contra lo que él llamaba, denominaba, consideraba, entendía, como un “trasvase” a Barcelona.
Hoy no lo entiende así, por lo que los aragoneses podemos pensar varias cosas, cada una más grave y más vergonzosa:
1. Mentía entonces a los aragoneses a los que convocaba fraudulentamente a manifestaciones contra el trasvase del Ebro.
2. Miente ahora cuando dice lo contrario y pretende que sus funcionarios le apoyen.
3. No tiene otro remedio porque está al servicio de sus señoritos socialistas madrileños que, tal vez dentro de dos años lo hagan ministro en pago de su perfidia con Aragón.
4. En realidad, lo único que ha hecho es utilizar los sentimientos de los aragoneses para hacerse con el poder, prometiendo mentiras y sabiendo que iba a hacer otra cosa de la prometida…
Me niego a elegir, todas me llenan de tristeza. Por eso, termino recordando lo que me indican los ingenieros: que son nueve meses el tiempo medio que tardan en entregar las fábricas los tubos que utilizarán para hacer el trasvase del Ebro a Barcelona (como así lo llamaba Iglesias antes y ahora lo llama el alcalde Belloch). Nueve meses. Así que pronto sabremos si el presidente Rodríguez ya había hasta comprado las famosas tuberías cuando prometía en la Plaza de Toros -el pasado mes de marzo- que él nunca haría el Trasvase del Ebro. Y eso en el diccionario de la Real Academia y en el de María Moliner tiene un nombre terrible. Pero claro como ahora se consulta el “Diccionario del Marcelitrola” a saber cómo se llama esta cuestión.
Por lo tanto, ante este atajo de aprendices de lingüistas y de consumados farsantes, sólo queda pedir que se cumpla algo fundamental en esta tierra: la palabra que dan los hombres y mujeres mirando a la cara. Don Marcelino debe cumplir con lo que ha dicho y se lo pedimos algunos aragoneses que nunca podrá decir que nos hemos pronunciado a favor del trasvase, cosa que otros socialistas tienen difícil por el recuerdo del botijo de Borrell… Sólo nos queda mantener la libertad de denunciar siempre a los que incumplen con lo prometido, y sobre todo a los que incumplen para mantener el puesto, el sueldo y el sillón. Como dice Nicolás en un poema cheso:
Allora… pillemos
distinta endrezera.
Caminar ya chuntos
preziso no’n yera.