La mañana de ayer, sábado 5 de abril de 2008, estuve en Garrapinillos para asistir a una reunión con algunos vecinos de este barrio que también es parte de Zaragoza. La habían convocado el día anterior los vocales populares de la Junta después de que les dieran permiso para usar el local municipal y anunciar que también asistía a ella la concejal Cristina Melendo, en representación del Grupo Popular del Ayuntamiento de Zaragoza. Hasta aquí, todo normal, como corresponde a una democrática gestión de Participación Ciudadana cuyo Teniente de Alcalde es, precisamente, vecino de Garrapinillos. Sin embargo, cuando yo llegué al barrio por la mañana para sumarme a la reunión, me encontré con todos los vecinos, los vocales y la concejal en la calle. Estaban a las puertas del local municipal sin poder pasar porque, el día 4 por la noche, el alcalde del barrio dió orden concreta de no permitir el acceso a este espacio público a los responsables del Partido Popular y a los vecinos. Ayer, todos decían que llueve sobre mojado con este señor.
Es tremendamente lamentable que –a principios del siglo XXI- nos encontremos todavía con actitudes tan poco democráticas, tan dictatoriales, tan de personas que se creen dueños de bienes y personas. No tenía yo esta opinión del alcalde de Garrapinillos, con el que he hablado en algunas ocasiones, por lo que me ha sorprendido mucho más y me lleva a pensar en él como una persona que sabe que está en falta con los vecinos y que no quiere que nadie pueda poner sobre la mesa la complicada situación de un barrio en el que no se hacen realidad sus promesas.
No hemos podido hablar con él, no nos ha respondido a nuestras llamadas, se ha escondido y no ha dado la cara. Pero, en honor a la verdad -y es justo decirlo- muy otro ha sido el comportamiento de Antonio Becerril, responsable socialista de Participación Ciudadana que, como un señor, sí ha respondido a mi llamada y, como un demócrata, me ha indicado que lo mejor era acceder a local del Ayuntamiento y celebrar la reunión.
Así lo hemos hecho y ha sido ciertamente productiva, tanto que vamos a convertirla en el punto de arranque de otras muchas donde apostaremos por resolver problemas endémicos que este alcalde –tan poco democrático y tan poco tolerante con los ciudadanos que ejercen sus derechos- no resuelve. Por encima de las trabas e inconvenientes que pone a sus vecinos un alcalde que no da la cara, estarán nuestro empeño y decisión política en resolver los problemas de Garrapinillos y nuestro convencimiento de que los espacios públicos no están inscritos en el Registro de la Propiedad a nombre de ningún cacique local; estará, sobre todo, nuestra voluntad de construir en libertad el mejor marco de convivencia.
Tienen los socialistas un problema con el alcalde de Garrapinillos, del que nunca me hubiera esperado semejante salida de autoritarismo trasnochado y falto de toda ética política. Por eso ayer, además de ser el día en el que tenemos que sancionar a don Mariano Blasco a leer el Reglamento de Participación Ciudadana, fue el día en el que quizá podamos pensar que, políticamente, comenzó su cuesta abajo.