Día a día

La primera felicitación navideña

El pasado día 4 de diciembre me llegó la primera felicitación de estas navidades, un tarjetón que reproduce un hermoso dibujo del castillo de Loarre, que han preparado para este año el gran dibujante Rafael Margalé y su mujer Irene Taulés. Les agradezco la felicitación y la imagen de Loarre pero, sobre todo, me quiero sumar al oportuno y justo homenaje a ese gran investigador que es Cristóbal Guitart, académico de Bellas Artes y máximo especialista en los castillos aragoneses, del que incluyen en su interior un texto que escribió sobre la historia de nuestra primera fortaleza.

Esta madrugadora felicitación me ha hecho recordar el origen de las tarjetas de navidad, tema sobre el que hace unos años me documenté por curiosidad. Y no me resisto a compartir lo que recuerdo del origen decimonónico de esta arraigada costumbre que comenzaron los repartidores del Diario de Barcelona, en 1831, aunque la persona que la crea –tal y como la entendemos ahora- es el inglés Henry Cole, que también fundó el núcleo museístico que acabaría creando el Victoria and Albert Museum de Londres.

Henry Cole, en 1843, encargó a un pintor que le dibujara una escena navideña, con el fin de enviarla a sus amigos. Y así lo hizo el pintor John Calcott Horsley, que pintó a la familia y colocó como leyenda el deseo de “Una feliz Navidad y un feliz año para usted”. Por cierto, incluso se pueden comprar reproducciones de la primera felicitación navideña.