Día a día

Recordando a Fernández Molina

En plena campaña, me invitaron a hacer la presentación del último libro que se ha editado de la obra de Fernández Molina, un libro póstumo en el que este poeta y pintor surrealista nos abre las puertas de su profunda espiritualidad.

Fue un momento interesante, compartido con su viuda -Josefa Echevarría- y con sus hijas, con muchos poetas y artistas, con muchos amigos. El magnífico libro se titula “Antología de poesía mística”, pero ahora quiero recordar al buen amigo Antonio -que se nos hizo historia de manera silenciosa y sublime a través de su palabra y de su silencio- con un poema que incluyó en la “Antología poética”, editada en 1988 por la Diputación de Ciudad Real.

Es mi homenaje y mi recuerdo cariñoso hacia un gran pintor, hacia un gran poeta, hacia una gran persona, hacia un rebelde de todos sus días, hacia el que fuera secretario de redacción de “Papeles de Son Armadáns”, de Cela, y redactor jefe de la revista fundada por Miguel Labordeta, de la recordada edición de “Despacho Literario”. Su hija Ester ha dicho de él que “las manchas de tinta de Michaux, las Constelaciones de Miró, las pinturas primitivas de Klee, el arte bruto de Dubuffet, el Dadaísmo, El Surrealismo, La Patafísica, al igual que la magia de El Bosco, nos ayudan a comprender su mundo creativo”. Pues no hay más que decir…

“Amo este sol que cae sobre mi mesa
y esta abeja que vuela.
Amo la vida y me es indiferente.
¿Espero algo del día siguiente?
Probablemente me interesa…

Si todo fuera así…
abrir la boca
y encontrar la palabra,
abrid la mano
y encontrar la vida,
abrir los ojos
y ahuyentar el castillo de la tristeza.”