Día a día

Visitando a los vecinos de La Almozara

Habitualmente, me gusta pasear por ese hermoso distrito zaragozano que es La Almozara, del que guardo todas las imágenes de su transformación desde que –estudiando bachillerato allá por la década los 60– nos llevaban los escolapios a hacer deporte a sus campos todas las semanas. Este espacio urbano, al que entonces ellos llamaban Barrio de la Química, constituye un moderno conjunto de avenidas y de comercios que dinamizan la vida de este barrio, una vida en la que tienen un importante peso los dos extremos del itinerario vital: los niños menores de tres años y las personas mayores de 60 años.

Hace unos días, me acerqué a ver los dos colectivos que atienden a la importante población mayor, constatando que, en el caso del Centro de Convivencia, hay poco espacio y que, en la Asociación de Pensionistas y Jubilados, tienen problemas de mantenerse en esa ubicación.

Hay que apostar por ellos y hay que solucionar este problema, entre otras razones, por sentido común y por lealtad con las personas que han colaborado en construir nuestro mundo. Al mismo tiempo que habrá que dinamizar la costosa y largísima construcción de la Escuela Infantil “El Tren”, que ha sido colocada tan mal que ha destrozado los aprovechamientos de un solar en el que podría haberse apostado por hacer un buen Centro del Mayor.

Y, para finalizar la visita a este distrito, fuimos paseando por el barrio hasta acercarnos al río Ebro, a esa zona de la Playa de los Ángeles en la que estaba preparando Fermín, con mucho mimo y dedicación, ese Chiringuito Río Ebro que ya es parte de nuestra historia zaragozana.