El viernes pasado, por la tarde, volví para recorrer nuevamente el Parque de Miraflores y comprobar con los representantes vecinales algunos problemas que allí se presentan. Unos derivados de las últimas lluvias y otros derivados del doble rasero que tienen algunos políticos que tiran la piedra y esconden la mano.
En el primer caso, vimos como es necesario seguir invirtiendo en este Parque, espacio privilegiado en el centro de la ciudad y espacio de convivencia y ocio de muchos miles de ciudadanos que viven en su entorno. Nosotros, desde el PP, dedicamos hace unos meses muchos fondos de remanentes –de los que nos tocaba decidir a nosotros- a este parque y los resultados están allí, pero también está allí nuestro compromiso firme por apoyar la reforma integral del Parque, la adecuación de un espacio natural de primer orden que aporte valores a una ciudad saludable y que luche contra los que quieren convertir el Parque Miraflores en el reino del botellón, del desorden y del caos.
Seguridad y belleza, armonía y espacio de convivencia familiar… eso es lo que queremos que sea este espacio. Aquí queda, una vez más, nuestro compromiso firme con sus habitantes y, sobre todo, con una apuesta por el medioambiente y la ciudad saludable.
En el segundo ámbito de problemas está la intervención municipal de las cuentas corrientes de unas comunidades por una cuestión de vallas que bien podría ser estudiada y que, aunque la ley ampare la actuación, pueda ser racionalizada y aplicado el sentido común. Además, me parece impresentable que haya políticos que ahora hablen de que se puede solucionar el tema cuando el origen de todo este problema es la denuncia de esos mismos concejales que abrieron el expediente contra estas comunidades de vecinos del Parque de Miraflores. Ricardo Berdié, concejal antaño de otras formaciones, hoy socialista, puede explicar bien este asunto y, tal vez, tener la grandeza de callarse.
Nuestro criterio es que hay que normalizar este asunto y, mientras se deje acceso libre al espacio del Parque, no hay inconveniente en que los vecinos protejan sus espacios más cercanos a sus puertas de acceso, en bien de sus hijos, de sus hijas, de ellos y de todos. Lograr la seguridad, el ornato público y la limpieza de esos espacios por las comunidades es fundamental. El Ayuntamiento debe colaborar con ellos, no agredirles y luego intentar vender milongas en periodo electoral. Cosa que hacen algunos, como el citado concejal que estampó su firma en los albores del problema.