En los siglos pasados, nuestras gentes, los hombres y mujeres que construían cotidianamente la ciudad de Zaragoza, recibían el Domingo de Pascua con ilusión, tanto por ser el día en el que se cataba el cordero en la mesa como por ser un día en el que todos intentaban estrenar alguna prenda del vestuario.
Recordando tantos Domingos de Pascua, recordando a tantos zaragozanos y zaragozanas que han hecho posible este espacio maravilloso para vivir, en esta mañana quiero desearos Felices Pascuas de Resurrección. Que este 8 de abril sea un buen día para vosotros y para las personas que queréis.