Estamos en la noche más importante de la Historia cristiana, en la noche en el que las tierras de Belén se llenaron de luz para anunciar al mundo el nacimiento de un niño que nos traería la paz, que nos invitaría a la generosidad y que predicaría la tolerancia y el respeto.
Por esa razón, por esa gran razón, debemos sentirnos felices de poder rememorar ese momento único, en la noche de todos los tiempos, en el instante en el que la cálida madrugada recuperó el color y el calor de la llegada de Jesús. Y quiero felicitar esta Navidad con esa imagen escueta y profunda del nacimiento, hecha por Goya hacia 1772, donde la luz entreteje un escenario poblado de gentes de todos los tiempos. Es una felicitación sincera, entrelazada en la sobriedad de esta obra de un aragonés universal. Es una felicitación de corazón.
Y, como ahora es muy tarde, mañana hablaremos de la escena y del portal de Belén.