Emilia, una profesora universitaria de Medicina, me ha hecho llegar en el correo un hermoso montaje en el que se nos cuenta la sencilla historia de una Olimpiada en la que los participantes volvieron sobre sus pasos, al oír llorar a un compañero suyo que se había caído, y decidieron marchar todos hacia la meta de la mano, cogidos del brazo para ganar todos y no perder nadie.
Ha sido una cálida experiencia el ir avanzando por sus escenas y descubrir que todo el relato se ordenaba en torno a la brillante idea de que también se puede ganar mirando atrás. Disminuir el paso, regresar, caminar juntos… Palabras y palabras de hondo contenido para navegar por escenarios con luces de atardecer, con cielos llenos de estrellas, con las manos de quienes quieren abrir el futuro en compañía.
Se lo agradezco mucho a esta compañera y le tengo que decir que lo he colocado en el ordenador de tal manera que, en los momentos de tristeza o de agobio, pueda darle a una tecla y se haga la luz. Y por eso, quiero compartirlo, quiero que os llegue a todos los que deseéis tenerlo y verlo. Quiero que todos podamos ver con sosiego cómo lo que importa es ayudar a los demás, que lo importante es saber que entre todos podemos ganar. Y lo vamos a lograr.