A las once, he vuelto a pasar por Echegaray y Caballero, donde a las ocho de la tarde había caído un árbol que la empresa adjudicataria de las obras tenía enganchado con una sirga, razón por la que sabía que corría peligro y no tomó decisiones firmes para salvarlo. Y había un brutal atasco de tráfico, porque el paseo del árbol asesinado seguía cerrado tres horas más tarde. Como concejal, he preguntado la razón y me han dicho que estaban los concejales del equipo de gobierno reunidos en el ‘escenario del crimen’ para decidir.
Y me he puesto a temblar, incluso le he pedido a la Virgen del Pilar que los ilumine puesto que éstos juntos son capaces de decidir que se tiren todos los árboles de este paseo ribereño del Ebro. Luego, incluso pueden apostar por comprar algunos de plástico y hacer una gran fiesta popular, reivindicativa, progresista, en la que se celebre la victoria de unos ‘salvajes destalentados’ sobre la masa forestal de Zaragoza.
Y esto ocurre -no dejen de anotarlo- en el distrito que preside la concejal López, responsable de Parques y Jardines, y en una obra que depende del concejal Berdié, dos personas que estoy muy seguro que no apoyan esta salvaje agresión al indefenso árbol zaragozano.
Lo que ocurre es que hay silencios que…