Día a día

El maravilloso ejemplo de la Fundación Benito Ardid

El viernes por la mañana, dentro de mi agenda de visitas a las entidades e instituciones que protagonizan la labor asistencial de esta ciudad, acudí a las instalaciones de la Fundación Benito Ardid, en el barrio de las Fuentes, para ver su residencia y los talleres que allí tienen en funcionamiento. Y lo que era una visita de una hora, dejó de ser una visita para convertirse en una convivencia de más de dos horas en las que estuve con los protagonistas de esta hermosa aventura, con los hombres y mujeres que van trabajando para que las limitaciones y las exclusiones comiencen a ser un relato del ayer.

Fue un tiempo precioso, un tiempo en el que me sentí feliz de poder estar allí, compartiendo, disfrutando con ellos, aprendiendo lo que es trabajar por los demás. José María López Gimeno -un hombre que merece el respeto y apoyo de todos nosotros- y sus gentes (mujeres como Teresa, María Pilar, la gerente…) son un extraordinario ejemplo de servicio y de compromiso, un compromiso sincero que se muestra en la sonrisa cómplice y la entrega continuada con que van haciendo posible el milagro del día a día, el milagro de lograr que este puñado de zaragozanos -junto a Miguel el de Azuara que estaba orgulloso del jardín que cuida- puedan ser felices, puedan gozar de los días del verano y de las tardes invernales.

Es muy importante que todos los zaragozanos tomemos conciencia de la maravillosa e impagable labor de estas organizaciones que atienden a los disminuidos, en todas sus vertientes, desde las educacionales a las laborales, pasando por las residenciales. Por cierto, era evidente que ahora hay que generar más apoyos –de todos- y levantar una residencia para que los padres que se han hecho ancianos puedan seguir viviendo con sus hijos discapacitados. A esta tarea que hace la residencia, en la que no debemos olvidar que también se acogen personas que no tienen familia, se suma el centro ocupacional –que ayuda a la maduración- y los centros especiales de empleo “en los que el minusválido es un trabajador más con su salario, seguridad social y relación laboral”, tal como lo explican en su web.

Es un mundo que todos debemos conocer, con el que todos debemos estar comprometidos, del que todos debemos hablar porque ese es el mejor homenaje y apoyo a los que lo hacen posible. Yo no sé si los ciudadanos querrán encomendarnos el gobierno de Zaragoza, pero nunca he tenido más claro que si es así, esa misma noche habrá que ponerse a trabajar para que –en esta ciudad que es la mía, la que quiero y en la soy feliz- las personas que más apoyo necesiten sean los primeros protagonistas de nuestras políticas de desarrollo personal muy reales.

Y además, después de estar dos horas en la Fundación Benito Ardid, os tengo que decir que la verdadera dimensión de este problema no es que ellos nos necesiten, el trasfondo de todo es que los necesitamos nosotros. Y los necesitamos mucho para saber lo que es hacer gestiones realistas, sensatas, eficaces, generosas, justas. Y además tenemos necesidad de ellos para no perder la dimensión de lo humano.

Mientras avanzamos por este camino, les debemos desear buen verano en ese maravilloso pueblo de Isín que han reconstruido ellos –con más bien poco apoyo de las instituciones tratándose de la obra que es- en ese valle del Aurín que fue el paisaje en el que pasó muchos veranos Ramón y Cajal. Un paisaje cargado de historia y de historias que con este grupo de zaragozanos logra ser también un paisaje cargado de humanidad. Gracias a todos vosotros.