Día a día

Mi meteórico Curso de Verano en Jaca

La tarde del martes he estado en la ciudad de Jaca, en esa maravillosa ciudad que fue la primera capital del Reino de Aragón, para participar como profesor en un Curso de los que se imparten este año. Concretamente en el Curso sobre «Conservación y renovación: reflexiones sobre arquitectura contemporánea», que dirige mi buena amiga Mª Pilar Poblador.

He disfrutado mucho hablándoles de la historia de las intervenciones en el viejo monasterio de San Juan de la Peña, de cuando los reyes lo fueron construyendo como panteón real y de cuando el olvido lo fue destruyendo, perdido entre unos parajes fabulosos pero muy alejados del centro político del reino. Les he explicado las etapas que definen su historia y cómo se han ido sucediendo intervenciones de multiples arquitectos. Hemos disfrutado juntos y hemos reflexionado un poco más sobre este paisaje en el que nació y se gestó lo aragonés, en un paisaje en el que comenzó la lucha contra los musulmanes allá por el año 732 y en un paisaje en el que en 1931 se celebró el primer «Día de Aragón» conmemorando el día en el que los automoviles pudieron llevar hasta la pradera de San Indalecio a cientos de gentes. Ha sido el colofón a una visita que han hecho los alumnos del curso con Natalia Juan. Y, por cierto, ha sido el preámbulo a una cena apasionante en la que he compartido mesa con muchos compañeros de la Universidad de Zaragoza y, de manera especial, con el ingeniero Juan José Arenas que es un prestigiado profesional que hace en nuestra ciudad el Puente del Tercer Milenio. Juan José es un encanto de persona, un hombre profundo y reflexivo, un mundo por descubrir. Sobre todo si le acompaña su mujer, en cuyo caso se hace realidad ese dicho que dice que junto a todo gran hombre hay una gran mujer.

Acabo de llegar a Zaragoza, he subido y he bajado, pero ha merecido la pena porque conocer a personas que te enseñan los caminos del conocimiento y que vibran en la onda del respeto y la elegancia personal siempre es importante.