Oposición constructiva

La vergonzosa mentira de las obras del Seminario

Como todo el mundo sabe, el Ayuntamiento de Zaragoza está rehabilitando el antiguo Seminario Metropolitano para transformarlo en un centro administrativo municipal, en el que –de acuerdo con las decisiones tomadas por la corporación presidida por el alcalde Atarés- se concentren los servicios municipales para facilitar al ciudadano la gestión en unas dependencias modernas y centralizadas. El actual equipo de gobierno ha tenido que acometer las obras necesarias y aquí ha surgido el problema. Fundamentalmente porque ellos no tienen en cuenta ni los intereses de la ciudad ni el de las personas que la habitan.

Como sólo les importaba sacar inmediatamente los funcionarios de los edificios de la Gerencia, para comenzar las obras de la Romareda, aumentaron los pagos a la empresa que proponía hacerlas en menor tiempo. Como no les importan las personas, nos ocultaron que el edificio tenía problemas de seguridad y que los forjados no resistían el peso de las oficinas, cosa que nos negaron aún cuando nosotros ya lo denunciamos. Como preferían poner en riesgo a todos, antes que poner en riesgo su proyecto de la Romareda, ocultaron la verdad y mantuvieron silencio cómplice.

Cuando el juez suspendió las obras de la Romareda dejó de haber prisa, momento en el que salieron los informes de obra avisando de los graves problemas de seguridad y de los retrasos que no se tenían en cuenta. Como había tiempo, decidieron aceptar la realidad -¿qué hubiera pasado con la seguridad de los ciudadanos si no se paraliza la Romareda?- y dieron seis semanas de ampliación de obra a una empresa que cobró un montón de millones de euros por hacer esas mismas obras en un mes menos.

Hoy ha terminado el plazo ampliado. El señor Gaspar no dice nada de devolver los millones que dio de más por la rapidez. El señor Belloch guarda silencio en su deshabitado despacho de la plaza del Pilar. Todos guardan silencio, mientras los ciudadanos se sienten engañados por este mentiroso compulsivo y por unos gestores que no saben gestionar los intereses de la ciudad. Mientras tanto, el señor Gaspar habrá puesto a trabajar a sus asesores para pensar qué mentiras y falsas interpretaciones hará públicas contra todos para salvar su público y evidente fracaso.