Oposición constructiva

La grandeza de Gonzalo Borrás

He leído con satisfacción que el profesor Borrás, una de las figuras más notables de la universidad zaragozana, ha votado en contra de un proyecto que proponía el Gobierno de Aragón para hacer la sede del futuro Espacio Goya.

En concreto, este aragonés de criterio y actitud recta, ha votado en contra de un proyecto de la Consejería de Educación y Cultura, un ente peculiar que dicen sus usuarios tiene poca educación y escasa cultura, a juzgar por sus actuaciones despóticas y por sus atropellos al Patrimonio. He leído incluso como Juanjo Vázquez, viceconsejero, ha sufrido una penosa evolución que le ha llevado desde su antaño énfasis en defender el Patrimonio hasta su relajación actual, hasta convertirse en el que justifica que se destroce parte de un edificio catalogado.

Me parece asombroso lo que está pasando en esta comunidad, después que el anterior director general hiciera la vista gorda ante el destrozo del Teatro Fleta, que debía haber sabido que estaba catalogado. Me produce tristeza que nuestras autoridades estén convencidas de que pueden hacer lo que les de la gana, su particular capricho, en edificios protegidos por la legislación. Y me produce rabia el saber que ellos no se aplican el mismo rasero que aplican a los ciudadanos de a pie; que ellos pueden destrozar el Fleta o romper la fachada de la Escuela de Artes de Zaragoza, colocándole un hermoso grano en el tejado, mientras los otros ciudadanos no pueden modernizar sus casas o son multados por ampliar alguna ventana.

Por todo ello, el gesto del doctor Borrás es muy de alabar y nos demuestra que la Universidad custodia todavía muchos intelectuales que saben asumir la defensa de todo aquello que la incultura y la frivolidad quiere destruir. Gracias, Gonzalo, por este voto y sobre todo por este testimonio de que el Patrimonio aragonés todavía tiene aragoneses empeñados en salvarlo frente a la barbarie. Acaso frente a la ignorancia, porque recordaba el Heraldo de Aragón una frase de Antonio Machado que decía «Lo que se ignora, se desprecia». Este es el momento en que conviene invitar a algunos responsables del Patrimonio a estudiar, a aprender, a conocer, a ser respetuosos con la ley y con la herencia secular… Por ejemplo, a comenzar la tarea leyendo los magníficos libros de Gonzalo Borrás sobre arte aragonés. Y cuando se cansen, a escribir cien veces en el cuaderno aquella frase de «yo también tengo que cumplir la ley como cualquier ciudadano».