Oposición constructiva

El silencio del «Parque 0» de Belloch

Al caer la tarde del Domingo de Ramos, cuando resonaban los tambores por las calles que caminan hacia la Plaza del Pilar, los bomberos, a los que no les querían reconocer que habían aprobado el último ejercicio de su oposición, seguían respetuosos el ir y venir de gentes por esta gran plaza que abre las puertas del santuario universal de Zaragoza.

Allí estaban, los treinta y uno que aprobaron, y sus padres, sus novias, sus amigos, sus mujeres…Todo un mundo de personas que tenían acongojada el alma por la injusticia que dormía bajo los soportales del Ayuntamiento, de ese Ayuntamiento que por obra del equipo de gobierno había dejado de ser la Casa de todos y se había convertido en la madastra de los ciudadanos, en esa madastra que hasta prohíbe a los que quieren servirla que usen los servicios que ella tiene para el público.

Los gobernantes de una coalición formada por confundidos socialistas y por los concejales de la Chunta -esos que siempre mienten diciendo que ellos no están de acuerdo pero que no pueden llevar la contraria a sus socios en público- habían hecho posible la creación del «Parque 0» de bomberos, de un retén de jóvenes que se veían en la obligación de defenderse frente a las agresiones de Alcaldía, frente a la decisión de Juan Alberto Belloch de detener una oposición por entender que había sospechas que podían suponer que esa oposición no era justa. Pero, a lo largo de estos días de acampada en defensa de su trabajo y de su oposición, todos hemos comprendido que esas razones alegadas por el gobierno socialista de la ciudad eran infumables, inaceptables, viciadas y tendenciosas. Si el alcalde, que no debemos olvidar que es juez, entendía que había algunas irregularidades en la oposición tendría que haber cesado inmediatamente a su Teniente de Alcalde de Régimen Interior, por ser el causante de esta situación, y haber puesto en manos de la Justicia el asunto puesto que sugería que el acta del tribunal incluía falsedades (que son delito público) y que su actuación era irregular. Pero no lo hizo, razón por la que todos pensamos que el Tribunal y el Teniente de Alcalde García Madrigal (una persona honorable donde las haya) habían actuado muy bien, que sus técnicos, funcionarios y representantes sindicales no habían incurrido en delito. Luego debía haber otra razón para que, pese a no tomar esa decisión, se castigaba cruelmente a los aprobados.

Toda una historia convertida en drama humano que, al final, después de informes y más informes, concluye con un informe de la Universidad en el que se explica cómo a estos aprobados se les había hecho un perjuicio, que hay que seguir con la oposición, que no se les puede impedir más su derecho, que hay que desestimar los recursos de los que no han aprobado y dejar que sean los tribunales de Justicia los que resuelvan sobre lo que pasa con los demás… Y el alcalde Belloch se ve obligado a desestimar los recursos, pero no reconoce que se equivocó y al final no ha tenido más remedio que hacernos caso a todos, incluidos los concejales del Partido Popular que hicimos por escrito hace muchos días nuestra defensa de estos pobres chavales a los que se estaba perjudicando y mucho.

Belloch se equivocó y tendrá que explicarnos sus razones. Belloch se equivocó y tendrá que asumir los costes politicos y personales que caigan sobre él. Por eso, esta mañana, cuando los aspirantes han venido al Grupo Popular a darnos la mano, a compartir con nosotros sus alegrías, a despedirse de un grupo de gente que siempre hemos creído en ellos, ha inundado nuestros despachos el sentimiento de que siempre se impone la justicia y el derecho. Ha sido un momento entrañable, cargado de emoción. Y nos han regalado una planta, que siempre nos recordará que no hay que ceder ante la arbitrariedad, la injusticia y la falta de humanidad.

Por fin, cuando pasemos procesionalmente en la noche del Viernes Santo estaremos felices de saber que no están allí, acampados ante la injusticia del alcalde, pero recordaremos sus caras, sus penas y sus alegrías. Y bajo los soportales pensaremos que, gracias a Dios, el silencio cómplice se ha adueñado del parque de un alcalde que nunca tuvo el detalle de bajar a ver si esos ciudadanos suyos necesitaban algo, de un alcalde que no entendió que gobernar con justicia no está reñido con compartir la palabra. Yo espero que, algún día, un alcalde del Partido Popular, quizás en la primavera del 2007, pueda invitar a estos 31 bomberos a ver ese despacho del alcalde que nunca los quiso oír. Ese será el momento en el que la maceta que nos han regalado, y que yo habré puesto allí, desplegará sus mejores colores y aromas, el momento en el que el ángel custodio de la puerta principal que los ha acompañado en tantas noches sonreirá en su vieja eternidad de bronce. Y ellos, empeñados en servir de corazón a esta ciudad que tanto queremos, podrán ver esa plaza que han compartido a ras de suelo desde el balcón que se abre a la ciudad. No habrá bullicio aclamándolos porque todos sabremos que el triunfo se palpará en el silencio, en el silencio al que habremos condenado al parque de las injusticias, al parque del alcalde Belloch. Y mientras tanto, los ciudadanos de bien seguiremos amando esta ciudad nuestra y trabajando por Zaragoza. Como debe ser.